La historia y su praxis
Jorge Flores
CCH Azcapotzalco, Historia
INTRODUCCION
El presente trabajo versa sobre una propuesta de la enseñanza de la Historia y que por lo mismo es necesario hacer una reflexión teórica sobre la historia y su praxis en el mundo del hombre, y muy en particular en la formación de nuestros alumnos.
La propuesta tiene la intención de demostrar que la enseñanza de la historia es una labor profesional del historiador, al igual que la investigación, selección de documentación, historiográfica, hemerográfica y testimonial entre otras, y que además de ser un trabajo de investigación histórico, nos permite ver la manera en que se entiende, interpreta y aplica su conocimiento en la vida de nuestros alumnos, nos faculta a los historiadores a entender nuestra percepción de la historia, mediante su análisis en el salón de clase, puesto que nos permite reflexionar en los elementos disciplinarios como técnicas y métodos de enseñanza de la historia; con él podemos demostrar que la historia no se reduce a la investigación de los hechos o acontecimientos históricos en forma erudita, sino que ésta sirve para sensibilizar al hombre en su espacio y tiempo; cumple con la reflexión teórica necesaria y, por si fuera poco, enriquecida con la práctica.
Pienso que si la realidad que hoy vivimos, está plena de avances tecnológicos que compiten con la naturaleza, y la sociedad se desborda en desajustes económicos, políticos, sociales y ecológicos, nosotros, los historiadores y en general los científicos sociales y humanistas, tenemos el compromiso y obligación de hacer llegar y ver, conocer y descubrir, con los otros, que no podemos separarnos de las realidades del mundo. Y si la enseñanza de la historia nos permite acercarnos a la historia viva, hagamos más eficiente, profesional, responsable y éticamente, nuestra labor, sin simulaciones y con compromiso social considerando que compartimos el conocimiento de la historia con personas que piensan, con pasiones, deseos, frustraciones y ambiciones.
Entender que la enseñanza de la historia produce una atmósfera cultural bastante rica, ya que nos enseña y permite en un salón de clases ver y conocer la forma en que se dan también los procesos de gestación de la historia y la transformación constructiva de la misma, en la que no necesariamente, debemos dar respuesta definitiva, de lo que son los hechos históricos, aunque sí aproximaciones a la certeza científica.
Por tanto, la enseñanza de la historia tiene los suficientes elementos para asumirla con dignidad en su práctica docente del historiador, en ella podemos apreciar - además de lo dicho - que la historia no se limita a la investigación, sino por el contrario, su enseñanza respalda e incrementa la investigación histórica. Con ella se logra descubrir cómo apropiarnos de la realidad, en el sentido de enriquecerla y transformarla, en beneficio del hombre, pues ésta motiva una explicación vinculada en la lucha por ser mejor y mejorar la sociedad. Por la simple razón de que desnuda los mitos, prejuicios, abusos de poder, injusticias, grupos de poder, la lucha de clases, los genocidio, los distintos intereses que provocan las guerras y los conflictos regionales y civiles de cualquier parte del mundo, los diferentes procesos de cambio y aportaciones de distintos hombres y mujeres que se han distinguido por su papel en diferentes momentos de la historia, en la cultura, el arte y la ciencia, a través del tiempo, hasta nuestros días.
Por lo mismo debemos plantearnos si es válido su estudio, discutirla y reflexionarla con los jóvenes estudiantes en el aula de clase y si tiene un significado en ellos, si el profesor realmente ha comprendido la historia para poder hacerla comprender -como decía Marc Bloch- o simplemente aparenta ser informante de ella como si fuera una simple receta de cocina, con efemérides y literatura de ficción, cuentos, mitos, leyendas y héroes, más nunca con un compromiso social y humano. A sabiendas de que con el conocimiento y comprensión de la historia el adolescente puede convertirse en un sujeto crítico, pensante, comprometido con las causas sociales, solidario, responsable y libre, tal vez sea por eso que para muchos profesores que se “dicen ser enseñantes, informantes de la historia”, prefieran dedicar la enseñanza de la historia a simples crucigramas, búsqueda de palabras, líneas de tiempo, producir diaporamas para la presentación de clases en power point en un intento por sustituir el debate franco, la reflexión y crítica de la historia social, cultural, económica, política, artística e ideológica.
Téngase en cuenta que el sentido de la enseñanza de la historia, como asignatura, en los planes y programas de estudio del bachillerato de la UNAM, se debe asumir como un conocimiento científico y de trascendencia, por lo mismo debemos defenderla como parte del conocimiento humano y de la vida y en vez de reducirla e incluso desaparecerla de los programas, fortalecerla, promoverla y asumirla con compromiso.
Es importante destacar, que el objetivo de la enseñanza de la historia no tiene porque reducirse a cumplir los lineamientos de una historia patria, anticuaria y nacionalista y mucho menos cuando el nacionalismo no es genético, sino vertical de arriba abajo, es decir, en función de los intereses de las élites. Situación por la cual no sólo se debe considerar en los programas de historia que se cumplan los propósitos institucionales, sino por el contrario, esto es que uno como profesor de historia tiene la obligación académica, cultural y ética, de brindarle a los alumnos las lecturas e interpretaciones de nuestra historia, en sus diversas etapas y, a su vez, caminar con él, en el pasado, en la reconstrucción de los hechos y de esta forma, ellos no sólo adquieren o aprenden a utilizar herramientas conceptuales, metodológicas, habilidades, destreza y hábitos, sino también una conciencia histórica y una percepción trascendente en su visión de la realidad.
El contemplar aspectos como el Concepto de Historia, el Sentido de la Enseñanza de la Historia, la Institución y la Escuela, el Ámbito de Trabajo y Requisitos Profesionales Académicos y la Forma de Evaluación; desarrollados en el presente trabajo son con la intención de reflexionar, de forma crítica y como parte de un todo en el bachillerato de la UNAM y en particular de la Escuela Nacional Preparatoria, la importancia que tienen cada uno de los aspectos tratados, en un afán por darle sentido a la enseñanza de la historia.
Frente al avance de las tecnologías y la educación técnica como resultado del modelo económico neoliberal y la globalización en que “las empresas transnacionales y la lógica sistémica que representan; los Estados nacionales dominantes y; el proto-estado mundial capitalista. Los tres agentes del capital impulsan la sociedad burguesa hacía la culminación de dos tendencias evolutivas históricas: la culminación de la marcha triunfante del valor de cambio, que inició su recorrido por la historia hace 5,000 años con los primeros actos de trueque, para después avanzar sobre hecatombes y víctimas del progreso y coronarse como rey y dios de la especie.
La implementación violenta del paradigma antropológico dominado por la ley del valor y el homo economicus, como productor y realizador de plusvalía, determina su comportamiento práctico como fundamentalmente utilitarista, y en contraposición abierta a cualquier proyecto humanista sobre la socialización y el devenir de la arquitectura humana. Como dice el suministrador estadounidense de personal ejecutivo para empresas trasnacionales: ningún cliente me ha dicho jamás que quería una persona con buenos valores comunitarios.
De esta manera, el personaje del siglo XXI ha de ser en el aspecto real-cotidiano de su vida, un trabajador productor de ganancias y un ente consumista, con un horizonte mental fijado en la inmediatez. En la dimensión existencial, su largo andar por la historia amenaza con terminar en el homo abstractus.1
En donde a su vez hombre globalizado se ha sujetado a la fuerza y dominio de los mitos y dirigido por la publicidad organizada, ideológica o no, renuncia cada vez más, sin saberlo, a su capacidad de decidir. Está siendo expulsado de la órbita de las decisiones. El hombre simple no capta las tareas de su contexto, le son presentadas por una elite que se las interpreta y se las proporciona en forma de receta de prescripción a ser seguida. Y cuando cree que se salva basándose en la prescripción, se asfixia en la soledad, premisa de la masificación, sin certidumbre y esperanza, domesticado y adaptado: ya no es sujeto. Se reduce a ser simple objeto. Se cosifica. Se liberó dice From- de los vínculos exteriores que le impiden trabajar y pensar de acuerdo con lo que había considerado adecuado. Ahora –continúa- sería libre de actuar según su propia voluntad, si supiese lo que quiere, piensa y siente. Pero no sabe. Se ajusta al mandato de las autoridades anónimas y adopta un yo que no le pertenece. Cuanto más procede de este modo, tanto más se siente forzado a conformar su conducta a la expectativa ajena. A pesar de su disfraz de iniciativa y optimismo, el hombre moderno está oprimido por un profundo sentimiento de impotencia que lo mantiene como paralizado, frente a las catástrofes que se avecinan.2
Espero, pues que el presente ensayo logre producir algún interés entre los enseñantes de la historia por los problemas de difusión de su ciencia, y en los legos por el conocimiento de la historia, habrá cumplido así con el propósito.
Notas
1 Chomsky, Noam y Heinz Dieterich. La sociedad global. Contrapuntos México 1996. p.151.
2 Erich, From. El miedo a la libertad.
