La historia y su praxis (4)
Jorge Flores
CCH Azcapotzalco, Historia
1.3. ÁMBITO DE TRABAJO Y REQUISITOS PROFESIONALES DEL ACADÉMICO
Todo profesor de historia tiene un papel de suma importancia en el aprendizaje, educación y cultura de los alumnos de la Escuela Nacional Preparatoria, y para ello requiere de una serie de requisitos académicos y profesionales. En el caso del profesor de historia, en primer orden responde a lo establecido en la Institución por, las políticas educativas que todo profesor requiere cumplir. Entre ellos figuran: tener estudios de licenciatura en el área de especialidad, con un promedio de 8.0 cubrir los cursos que establece la Universidad Nacional Autónoma de México en materia de actualización y desarrollo de la carrera académica.
Desde octubre de 1996, la Escuela Nacional Preparatoria cuenta con un programa académico que posibilita al personal académico una mayor preparación, en particular al de nuevo ingreso, el cual fue aprobado por el H. Consejo Técnico. Sus normas comprenden desde la evaluación de profesores estimada anualmente para cubrir grupos vacantes, hasta el reclutamiento, criterios de selección, capacitación básica para la docencia y condiciones de desarrollo para la carrera académica y su actualización. Lo establecido en la Preparatoria en su relación con la UNAM, está basado en programas y cursos de actualización para los profesores para el mejoramiento de su profesión, los cuales se planean anualmente y son impartidos por especialistas de acuerdo a la asignatura o tema; los cursos son gratuitos y tienen un valor curricular, logrando con ello una mejor preparación y adquisición de saberes que le posibilitan al profesor mejorar su formación como educando.
Así, en cuanto la enseñanza de la historia y el ambiente de trabajo se tiene como finalidad contribuir en el cumplimiento formativo y propedéutico de su población estudiantil, que permitan al alumno ubicarse en su espacio y tiempo en la planeación y transformación de la sociedad a través del conocimiento de los procesos históricos, para conocer la responsabilidad ética que implica el saber.
El carácter que tiene la historia como disciplina y asignatura en la Escuela Nacional Preparatoria debe propiciar en el alumno el autoaprendizaje, mediante la selección de lecturas relacionadas a los contenidos históricos que se discutan en el aula, y mediante la exposición del maestro.
Por otro lado, el Colegio de Historia se reúne para la elaboración de material didáctico, y cultural para los alumnos. Sin embargo, muchas veces lo que obstruye o detiene en la práctica las actividades o proyectos, que surgen de las reuniones del colegio. Cabe señalar que los profesores de historia tenemos ante nosotros un espectro de personas adolescentes, que consideran que la historia es algo ajeno a ellos y por tanto su interés es ajeno en relación con otros intereses particulares. Esto implica que si nosotros como HISTORIADORES, no generamos el interés suficiente y necesario en los alumnos, por la historia, cometeríamos un crimen al conocimiento de la cultura y transmisión de la misma.
Sin embargo, pienso que la relación de los profesores del Colegio está en mucho separada de proyectos educativos comunes excepto por las reuniones con el coordinador, que esencialmente son afines a temas generales como lo es el de los Programas o temas del Simposio anual del Colegio a nivel Interpreparatoriano y la Semana de Historia (actividad educativa de diversos temas o un tema que se expone durante una semana en el Plantel). Fuera de estas reuniones, no existe relación académica alguna y mucho menos proyectos comunes, que nos permitan una labor de trabajo cultural más rica. Pienso que existe un aislamiento de los compañeros por intereses personales académicos o simplemente sólo se desempeña en sus horas clase. Esto muchas veces orquesta diferencias que sólo contribuyen al desprestigio del colegio y un ambiente poco grato. Sí se resolvieran estas diferencias, el colegio tendría otro perfil, pues el intercambio de ideas y proyectos entre los profesores de los dos turnos, contribuiría a un desarrollo académico mayor en la enseñanza de la historia.
1.4. FORMAS DE EVALUACION
Si existe un problema en la docencia, a mi juicio, este es la evaluación de los contenidos, y su exposición de los mismos, así como su comprensión; es decir, que la evaluación no necesariamente debe consistir en evaluar con cero o diez al alumno, si no al propio profesor, pues la evaluación de los alumnos también debe marcar una autocrítica del docente.
Sin embargo, el presente apartado consiste en exponer la forme en que evalúe a los alumnos para acreditar la asignatura que informo, y el hecho de plantearlo como un problema, es porque sucede que cuando se plantea al alumno -como criterio de su acreditación- que va a ser evaluado, su rendimiento académico, aprendizaje, comprensión y formación cultural, expresado sólo en hacer un examen el, cual equivale a un 60% para acreditar, coloca al alumno en una situación poco satisfactoria, pues éste es sinónimo de miedo, nervios, inseguridad, etc. Situación que pone al alumno –muchas veces- en un problema de números y no de aprendizaje. Su preocupación está más cercana ya no a aprender, educarse, conocer, descubrir, cuestionar, criticar, teorizar, experimentar, problematizar, etc; sino a la obtención de una calificación aprobatoria suficiente para pasar a otro nivel o grado educativo. Más no que trascienda en lo individual, social y cultural.
Por tal motivo, provocamos que el alumno se mantenga en un círculo vicioso de la ruleta de los números; y de acuerdo a este criterio académico al igual que el profesor la Institución, maneja este criterio como suficiente. Cuando el proceso mediante un examen escrito u otra forma coloca al alumno en una disyuntiva, pues o sólo se prepara para el examen, copia, no se presenta o bien soborna.
Por tanto, si partimos de esta lógica de que si el alumno acredita un examen final, él logró comprender y aprender los contenidos del programa y de no hacerlo simplemente no estudió o es un alumno problema.
Ahora bien, si partimos de esta lógica el índice de reprobados aumentaría. Pienso que lo importante de la evaluación debe consistir en corregir los vacíos de aprendizaje expresados en un examen, puesto que existen otras formas de evaluación –tareas, exposiciones, participaciones e intervenciones en clase, etc; que nos permiten a los profesores determinar si el alumno cumple con los requisitos académicos necesarios para acreditar la asignatura.
Es por ello que la forma de evaluación que yo manejé para la aprobación de la asignatura se estableció en los siguientes rubros: Trabajo individual 10%, Trabajo en equipo y ante el grupo 20%, Examen parcial 20%, Lecturas 30% y Participaciones 20%.

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